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CIENCIA, GENTES E HISTORIAS

Platino, wolframio y vanadio, tres elementos químicos descubiertos por españoles

El mes pasado, al repasar los científicos a los que están dedicadas las unidades físicas de uso más frecuente, encontramos ingleses, franceses, escoceses, alemanes y suecos, pero ningún español. En esta entrega, sin embargo, daremos todo el protagonismo a cuatro científicos españoles, Antonio de Ulloa, los hermanos Fausto y Juan José Elhuyar y Andrés Manuel del Río, por haber sido ellos los descubridores, respectivamente, del platino, el wolframio o tungsteno y el vanadio.


Los elementos químicos son sustancias constituidas por átomos que tienen el mismo número atómico (mismo número de protones en el núcleo del átomo). Aunque no exista unanimidad en ello, para algunos historiadores de la química la palabra elemento proviene de la combinación de las letras del alfabeto latino l, m, n y t que en ese idioma producen la combinación elementum (elemente en castellano).

La mayoría de los elementos químicos fueron encontrados en objetos naturales. Algunos, como el oro, plata, cobre, hierro, plomo, estaño y mercurio, se conocen desde la antigüedad. Otros, fueron "descubiertos", empleando diferentes técnicas -con ayuda del método químico-analítico, por el método electroquímico, por el método electroscópico, …-, a partir del siglo XVIII. Nos fijaremos en tres de estos últimos.


Platino

El platino es un metal precioso, de elevado valor, cuya poca presencia en la Naturaleza ha limitado sus aplicaciones. El primero en dar a conocer el mineral a los científicos europeos, fue Antonio de Ulloa, que lo observó en el yacimiento de Choco (América del Sur, en la actual Colombia), en el transcurso de la expedición geodésica organizada por la Academia de Ciencias de París para medir un arco de meridiano.

Ulloa regresó a Madrid en 1746 y dos años más tarde, en 1748, publicó su célebre Relación histórica del viaje a la América Meridional, donde señalaba que en el distrito de Choco había múltiples minas que habían sido abandonadas por contener platina, un metal duro que no se alteraba por calcinación (posiblemente, platino nativo). Esta descripción, más que descubrimiento, hace que tomemos el año de 1748 como fecha del descubrimiento del elemento químico platino. A partir de ese momento se intensificaron las investigaciones químicas sobre el platino crudo.


Wolframio o tungsteno

Este metal, el de punto de fusión más elevado, que es por lo que se emplea para la construcción de los filamentos de las lámparas de incandescencia, fue aislado por vez primera en 1783 por los hermanos Juan José y Fausto Elhuyar, o Delhuyar como se les cita en algunos trabajos recientes.

El descubrimiento tuvo lugar en Vergara, luego de una estancia de Juan José de seis meses en Uppsala, donde había estudiado con Tobern Olaf Bergman (1735-1784), uno de los químicos más destacado de la época. A partir del wolfram, obtuvieron el ácido correspondiente, y más tarde lo redujeron con carbón, obteniendo un nuevo elemento metálico de aspecto globular y color gris, al que por su procedencia denominaron wolframita. Más tarde, en muchos países, se generalizó el nombre de tungsteno, pese a conservarse el símbolo W.


Vanadio

En 1801, en la ciudad de México y a partir de unas muestras de plomo pardo de Zimapán que estaba analizando, Andrés Manuel del Río descubrió el elemento que hoy conocemos como vanadio y que la Industria emplea en forma de aleación con otros metales (así, la aleación de ferrovanadio).

Realizando el examen analítico de las muestras de plomo, el mineralogista madrileño comprobó que contenían un metal nuevo, que era parecido al cromo y al uranio, y que a partir del mismo se obtenían compuestos de diferentes colores, razón por lo que inicialmente lo denominó pancromo (que en griego significa "muchos colores"). Más tarde, por el hecho de que muchas sales del nuevo elemento tomaban un color rojo durante el calentamiento, pasó a llamarlo eritronio ("coloreado de rojo").

El escepticismo con que fue recibido el descubrimiento por los químicos europeos hizo que hasta el propio A. del Río dudase del mismo. Debieron de pasar treinta años hasta que los análisis del sueco Nils Gabriel Sefström (1787-1845) confirmaran la existencia del nuevo elemento que, entonces, fue denominado vanadio, en honor de Vanadis, diosa escandinava de la juventud y la belleza.

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ANTONIO DE ULLOA
Oficial y naturalista sevillano nacido en 1716 que, además de participar en la Comisión Geodésica de Francia, desplegó una amplia actividad científica en Europa (fue miembro de la Royal Society) y que en España promovió creación de diferentes establecimientos científicos y participó en la construcción de arsenales y en la reorganización de los Colegios de Medicina y Cirugía. Fue coautor, junto a Jorge Juan y Santacilia (1713-1773), de una importante Relación histórica del viage (sic) a la America meridional. Falleció en Cádiz en 1795.

JUAN JOSÉ ELHUYAR (DELHUYAR)
Destacado químico riojano nacido en Logroño en 1754 que, luego de formarse en París, Freiberg y Uppsala, logró en colaboración con su hermano Fausto, y en el seno de la Real Sociedad Vascongada, aislar el wolframio. En 1786 hubo de pasar a Nueva Granada para hacerse cargo del "beneficio de metales por fundición", lo que supuso un importante freno a sus investigaciones. Su fallecimiento tuvo lugar en Bogotá en 1796.

FAUSTO ELHUYAR (DELHUYAR)
Natural de Logroño (1755), siguió una formación similar a la de su hermano Juan José. Entre 1782 y 1785 estuvo al frente de la enseñanza de la mineralogía en el Seminario de Vergara. Luego marchó a Freiberg, donde llevó a cabo las importantes experiencias sobre amalgamación que le permitieron enunciar una teoría propia sobre el proceso. Nombrado Director general del Cuerpo de Minería en Nueva España, trató de aplicar en el continente americano, donde llegó en 1788, las técnicas químicas europeas, si bien su mayor mérito fue la creación del Real Seminario de Minería (1792). Falleció en Madrid en 1833.

ANDRÉS MANUEL DEL RÍO
Mineralogista madrileño, nacido en 1765, que siguió estudios en los más importantes centros europeos de la época, como Almadén, París, Freiberg y Chemnitz. Nombrado catedrático de mineralogía en el Colegio de Minería de México (1795), se afanó en preparar un texto acorde a las enseñanzas que quería transmitir. A comienzos de 1796 (aunque lleva fecha de 1795) apareció la parte primera de sus Elementos de Orictognosia. La segunda, la que dedicara a "combustibles, metales y rocas", no fue publicada hasta 1805. Murió en México en 1849.

Autor: Alberto Gomis Blanco | 2002












































































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