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MEDICINA
Salud en la maleta
Viajar a un nuevo país es una aventura plagada de nuevas experiencias, pero también de riesgos y enfermedades que acechan en el lugar de destino. A las puertas del período estival, los expertos en la llamada 'Medicina del Viajero' han vuelto a reunirse para tratar de prevenir los males de los turistas.
Mientras miles de personas comenzaban a elegir su destino para las próximas vacaciones de verano, la ciudad italiana de Florencia se convertía durante cuatro días, del 15 al 18 de mayo, en escenario de la Conferencia Europea de Medicina del Viajero. Las últimas novedades sobre la prevención de enfermedades tropicales provocadas por las picaduras de insectos acaparaban la atención de expertos de todo el mundo.
Preparar el viaje
Raros son los viajes al mundo tropical o subtropical en que los turistas no reciben al menos una picadura de algún insecto, más o menos molesto, principalmente de mosquitos. Generalmente, estas picaduras tienen poca importancia, y suponen tan sólo una molestia local, picor y en algunos casos sobreinfección. Sin embargo, existe una gran variedad de enfermedades que se transmiten utilizando los insectos como medio de transporte y vector, siendo algunas de ellas muy frecuentes y potencialmente graves, como es el caso de la malaria o paludismo, que cada año causa la muerte a un millón de personas en todo el mundo. También son especialmente preocupantes el dengue, la fiebre amarilla, el tifus,...
Todas estas enfermedades atacan a millones de personas, provocando muchas muertes entre la población de las regiones tropicales o subtropicales endémicas. Como apuntó en el Symposium uno de los ponentes, el profesor Heinz Mehlhorn, de la Universidad Heinrich-Heine de Dusseldorf (Alemania), debido a los movimientos migratorios, a las actividades turísticas intensas, y a la globalización del mercado de trabajo, estas enfermedades están siendo importadas a regiones de climas templados. Para evitar es preciso poner en marcha soluciones efectivas.
La medida preventiva más importante para los viajeros es, sin duda, la vacunación, algo imprescindible y que evita riesgos innecesarios, permitiendo salvar la vida cada año a miles de turistas. Para ello los viajeros deben informarse previamente de la zona que van a visitar y conocer las enfermedades más comunes y/o endémicas. En España existen 43 Centros de Vacunación Internacional, dependientes del ministerio de Sanidad, repartidos por todo el territorio nacional desde los que se atiende al viajero. En general, la inmuglobulina y la vacuna contra la hepatitis A se deben administrar a todas las personas que viajen a un país que no se encuentren en Europa occidental, América del Norte, Japón, Australia y Nueva Zelanda. Cuando en el país de destino hay que tomar precauciones con los alimentos y el agua se recomienda también la vacuna contra el tifus. Las personas que vayan a permanecer un largo período en una zona con una tasa elevada de hepatitis B también deben vacunarse contra la enfermedad. En algunas zonas de África y de Sudamérica se recomienda vacunarse contra la fiebre amarilla. Para quienes viajan al sudeste de Asia, en particular en la época de los monzones, es recomendable la vacuna de la encefalitis japonesa. En el caso de la malaria , al no existir vacuna, es necesario seguir un riguroso tratamiento profiláctico antes de viajar a cualquiera de los 100 países donde esta enfermedad es endémica, comenzando una semana antes de la partida y terminando cuatro semanas después del regreso.
Junto a la vacunación, existen otras medidas de precaución a tener en cuenta al viajar a otro país: no ingerir alimentos crudos, beber agua embotellada o previamente hervida, usar mosquiteros y repelentes para evitar las picaduras, o llevar ropa de colores claros y suelta para no atraer a estos insectos. La razón es clara: los mosquitos, junto con el agua y las alimentos, son las principales vías de trasmisión de enfermedades tropicales.
Enfermedades de altos vuelos
Pero el riesgo también está presente antes de llegar al lugar de destino, en el trayecto. El "síndrome de la clase turista" debe su nombre al poco espacio existente entre los asientos en esta zona del avión, donde los pasajeros pueden permanecer muchas horas sentados. Esta inmovilidad perjudica la circulación sanguínea y puede ocasionar la formación de coágulos en las venas de las piernas. Si éstos coágulos llegan hasta los pulmones o el corazón existe el peligro de que el pasajero sufra una trombosis.
En el transcurso de la conferencia celebrada en Florencia el mes pasado, los expertos presentaron un documento de consenso con las pautas básicas para la prevención del síndrome y una serie de recomendaciones básicas para tratar este tipo de cuadros. En él se hacía referencia a los grupos de riesgo, en los que se incluyen las personas mayores de 70 años, obesas o con varices, así como las mujeres que siguen terapia hormonal sustitutiva. Otros colectivos son las personas mayores de 40 años, los fumadores y aquellos pasajeros que recientemente se hayan sometido a alguna operación de cirugía mayor.
Para todos ellos, pero también para el resto de pasajeros, el documento subrayaba la importancia del consejo individual a cargo de facultativos especializados en medicina de viajes, que deben hacer especial hincapié en los riesgos de trombosis y su síntomas. De este modo, si el viajero dispone de información adecuada sobre el síndrome, será más fácil que lo identifique y que pueda actuar con celeridad si percibe sus síntomas. Farol Kahn, director del Instituto de la Salud de Aviación de Reino Unido señaló en su intervención que en este síndrome entran en juego factores muy diversos, como el aumento de la duración de los vuelos hasta 16 horas, los asientos estrechos, la deshidratación, la postura sentada o la compresión de la vena poplítea por el asiento. Las medidas preventivas ante esto incluyen la ingesta de líquidos durante el viaje, el uso de medias de compresión y la administración de Aspirina.
En alusión a la Aspirina, otro destacado ponente, el profesor Colin Prentice de la Universidad británica de Leeds, señaló que se ha demostrado que este fármaco, incluso en dosis bajas, es un medicamento efectivo para reduciendo el riesgo de trombosis de las venas profundas y embolismo pulmonar, recortando el riesgo de embolismo pulmonar fatal en casi un 50%. Prentice hizo referencia al estudio Pulmonary Embolism Prevention (PEP), y del que se ha llegado a la conclusión de que es posible recomendar tratamientos de cuatro días, con dosis bajas de Aspirina, a los pasajeros de líneas aéreas de largo recorrido.
Tanto en las enfermedades infecciosas como en el "síndrome de la clase turista", la recomendación básica es la misma: prevenir antes que curar. Con ese consejo en la maleta, es posible augurar un "buen viaje".
Autor: Nélida Jiménez | 2002

