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TECNOLOGÍA

Tecleando con mucho ojo

La combinación de un programa que permite completar palabras y un dispositivo que detecta el movimiento de la pupila permite escribir empleando sólo los ojos. El invento está inspirado en "La Biblioteca de Babel" de Borges, una biblioteca infinita donde se guardan de forma desordenada los libros que contienen todas las posibles combinaciones de los 26 caracteres.


Hay ocasiones en las que los diferentes logros del intelecto humano consiguen aliarse para hacernos la vida más fácil. Uno de los últimos ejemplos de esta asociación de ideas, que con tanta frecuencia ocurre en los avances científicos, apareció en la revista Nature del 22 de Agosto de 2002, y se llama "Dasher". Dasher es un inteligente programa informático que, teniendo en cuenta la frecuencia con la que aparecen las distintas letras en un idioma, es capaz de anticiparse al usuario, completando las palabras a medida que éste las escribe. Lo más sorprendente es que combinando este software con un dispositivo que detecta el movimiento del ojo, cualquier persona puede escribir a velocidades considerables, empleando únicamente su pupila.

El proyecto ha sido desarrollado por David MacKay y David Ward, dos jóvenes físicos británicos del Laboratorio Cavendish, en la Universidad de Cambridge, el mismo lugar donde se fraguaron las bases de la física atómica. En principio, los principales beneficiarios de la idea son los discapacitados que no puedan emplear otros dispositivos de entrada de información, como un teclado o un ratón, y que podrán de esta forma escribir con un ordenador empleando únicamente sus ojos, a unas velocidades parecidas a las que alcanza una persona que utilice un teclado convencional. Sin embargo, existen otros muchos clientes potenciales para la idea, como los millones de usuarios de teléfonos móviles o agendas electrónicas, ya que el programa puede usarse también fácilmente con otros dispositivos de entrada de información, como un ratón convencional, un joystick, un trackball, e incluso una almohadilla que pueda accionarse con el pie. No sería extraño que en un futuro próximo todos tuviéramos Dasher instalado en nuestros teléfonos móviles. Algo que nos haría, sin duda, más fácil escribir esos mensajes de texto que últimamente atormentan nuestras vidas.


Teoría de la Probabilidad, Realidad Virtual y Evolución

El corazón del invento se basa en la Teoría de la Probabilidad. El programa analiza la probabilidad de que detrás de una secuencia de letras conocida aparezca un determinado carácter, y ofrece al usuario las letras más probables, concediéndoles mayor importancia en su campo de visión, de forma que las letras más frecuentes resulten más fáciles de encontrar. Aumenta así considerablemente la velocidad de escritura respecto a un teclado QWERTY convencional. El programa parte de una base de datos para el idioma deseado, que se puede conseguir introduciendo un par de textos literarios característicos. Sin embargo, no contento con esto, Dasher va aprendiendo sobre la marcha, actualizando constantemente su base de datos para adaptarse al vocabulario personal de cada usuario, de forma que cuánto más se usa, mayor velocidad puede alcanzarse.

La otra parte importante del sistema la constituye el dispositivo detector del movimiento del ojo, o eye-tracker. La tecnología de detección de movimientos oculares se ha perfeccionado gracias a las necesidades de las aplicaciones de Realidad Virtual. Los autores han empleado un sistema desarrollado por Eyetech llamado Quick Glance, que usa dos emisores de infrarrojos, que se reflejan en las pupilas, y una cámara que recoge los rayos reflejados para conocer la dirección en la que el ojo está mirando. Todo ello se coloca en la parte inferior del monitor del ordenador, por lo que no es preciso colocar ningún incómodo accesorio en la cabeza del usuario.

A simple vista, la idea parece sencilla, pero en realidad, como tantos otros avances, se trata de una meta lograda gracias a la intersección de varias líneas de pensamiento en principio poco relacionadas entre sí. No es coincidencia que uno de los padres de Dasher, David MacKay, sea un experto en Teoría de la Probabilidad, lector de Jorge Luís Borges e interesado en la Biología Teórica . Por una parte, Dasher es heredero directo de los trabajos de Claude Shannon, uno de los padres de la Teoría de la Información, sobre lingüística combinatoria. Por otra parte, la tecnología ocular empleada aprovecha el talento natural del ojo humano para reconocer rápidamente patrones, habilidad para la que nuestros ojos han sido seleccionados a lo largo de la Evolución.

Los primeros intentos de escribir caracteres en un ordenador mediante el movimiento ocular empleaban una simulación de un teclado QWERTY convencional, que aparecía en la pantalla, y cuyas teclas debían ser "pulsadas" fijando en ellas la mirada. Sin embargo, el ojo humano no evolucionó para fijarse en posiciones concretas preestablecidas, y los errores tipográficos que se producían con este sistema eran numerosos, resultando la escritura muy lenta y fatigosa para el usuario. MacKay tuvo en cuenta que nuestro ojo fue seleccionado por la Evolución para buscar y reconocer patrones, deteniéndose de forma natural en aquellos estímulos que por una razón u otra llaman su atención. Esta idea, junto con las probabilidades de aparición de las distintas letras, fue definitiva para el desarrollo de Dasher.


El libro de arena, al alcance de nuestros ojos

En el relato de Jorge Luis Borges, "La Biblioteca de Babel", se nos habla de una biblioteca infinita, donde se guardan de forma desordenada los libros que contienen todas las posibles combinaciones de los 26 caracteres. MacKay se inspiró tanto en este relato para desarrollar su software que lo cita en la bibliografía de su artículo en Nature. En realidad, Dasher no es otra cosa que la biblioteca infinita de Borges, perfectamente ordenada según nuestras necesidades. El criterio de ordenación es sencillo: aparecen más fácilmente aquellas secuencias de letras que poseen algún significado en el lenguaje habitual del usuario, evitando así el galimatías que contenían la inmensa mayoría de los volúmenes en el relato de Borges. En principio, todos y cada uno de los libros de la Biblioteca de Babel están contenidos en Dasher; pero, a diferencia de los bibliotecarios del relato de Borges, los usuarios no deben pasar el resto de su vida buscando penosamente aquellas secuencias que tengan significado para ellos, sino que éstas aparecen de forma natural ante sus ojos, prácticamente sin ningún esfuerzo. Lo único que tienen que hacer los usuarios es mirarlas.

En otro de sus relatos, "El libro de Arena", Borges se refuta a sí mismo, y declara inútil la inmensa vastedad de su inimaginable biblioteca, puesto que todos los posibles volúmenes podrían estar confinados en un único libro de tamaño normal, pero cuyas infinitas páginas fueran de un grosor infinitesimal. La tecnología ha hecho ahora posible confinar, así mismo, todas las posibles secuencias de caracteres, dentro de los estrechos límites de nuestra agenda electrónica o teléfono móvil, que podemos sostener en la palma de nuestra mano, como si sostuviéramos el auténtico Libro de Arena. Dasher es la guía para esta interminable Biblioteca, el legendario Gran Catálogo, tan deseado por los bibliotecarios de Borges, que nos permite escoger entre todas las posibles variaciones en cuestión de segundos. Y los investigadores del Laboratorio Cavendish lo han puesto al alcance de todos nosotros, incluso de los más discapacitados, para que podamos desenvolvernos con soltura en este mundo gobernado por la Información.

Seguramente, al gran escritor argentino le alegraría conocer que sus ficciones han servido de inspiración para desarrollar un adelanto que puede facilitar la vida a tantas personas, aún cuando él mismo no hubiera podido disfrutar del fruto del ingenio de MacKay y Ward. No deja de ser irónico que en la actualidad nosotros podamos navegar por la Biblioteca de Babel a velocidades meteóricas usando tan sólo nuestros ojos. Por desgracia, el precursor que sirvió de inspiración para el invento, Jorge Luís Borges, no hubiera podido. Como Homero, murió ciego.

Autor: Owen Wangensteen | 2002












































































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