Hemeroteca > Índice> Reservas de la biosfera: tesoros a buen recaudo


MEDIO AMBIENTE

Reservas de la biosfera: tesoros a buen recaudo

Uno de los mayores retos que se le presenta al hombre en esta era tecnológica es el de preservar la biodiversidad de especies y ecosistemas que configuran nuestra biosfera; la clave para afrontarlo se encuentra en hacer un uso sostenible de los recursos naturales. Las Reservas de la Biosfera, integradas dentro del Programa MAB, "Man and Biosphere", de la UNESCO, son un ensayo para llevar a la práctica ese concepto de sostenibilidad, aportando una base científica a la hora de resolver los problemas que origina la interacción del hombre con la naturaleza.


La relación del hombre con su entorno ha planteado graves conflictos entre desarrollo y conservación y, por desgracia, ya existen multitud de ejemplos que ilustran cómo el consumo desorbitado y el uso irracional de los recursos naturales, buscando siempre el beneficio a corto plazo, han derivado frecuentemente en expolio y destrucción: pesquerías sobre explotadas, ecosistemas degradados, especies en extinción... Todo esto demuestra que la frenética actividad humana sobre la faz del planeta tiene desastrosas consecuencias sobre la Naturaleza, la "gallina de los huevos de oro" que ha permitido el desarrollo y el avance de nuestra civilización.

Para no agotar definitivamente este "cuerno de la abundancia", y minimizar en lo posible los efectos negativos de la presión del hombre sobre el ambiente, se hace necesario un cambio de actitud hacia la conciliación de la preservación de la diversidad biológica con un uso sostenible de los recursos naturales. Esto supone mantener la salud del medio natural al tiempo que se favorece el desarrollo económico y social de una población en constante crecimiento y con niveles de exigencia cada vez más altos en lo que a calidad de vida se refiere.

Hace escasas fechas la Red Mundial de Reservas de la Biosfera recibió el Premio Príncipe de Asturias de la Concordia 2001, galardón otorgado por ser: "símbolo de los esfuerzos del hombre para preservar espacios y poblaciones naturales únicos, patrimonio de toda la humanidad, a través de la amplia y generosa colaboración entre cerca de 100 países de los cinco continentes, dando así una dimensión global a la defensa de la naturaleza" según la propia acta del jurado del premio. Y es que el doble propósito de esta figura de protección, Reserva de la Biosfera (RB), es precisamente ése: conservación de los recursos naturales y fomento del desarrollo sostenible en zonas valiosas por la biodiversidad de sus ecosistemas.

En la actualidad existen 411 Reservas de la Biosfera distribuidas entre 94 países, 20 de ellas en España, formando una Red Mundial en la que se promueve el intercambio de información para establecer líneas de investigación y de formación entre diversos países, compartir experiencias y trabajar en el establecimiento de nuevos modelos de aprovechamiento de recursos naturales y de desarrollo local dentro de estas zonas.

Las reservas de la biosfera, que nacieron en 1974 como proyectos experimentales de desarrollo sostenible, fueron establecidas para el cumplimiento de los objetivos del Programa MAB de la UNESCO, (Man and the Biosphere) que las define como: "zonas de ecosistemas terrestres o costeros/marinos, o una combinación de los mismos, reconocidas en el plano internacional como tales en el marco del Programa MAB". Así, las RB incluyen una gran variedad de ecosistemas: desde el desierto tropical hasta la alta montaña, desde islas y áreas costeras a grandes bosques de interior o desiertos polares. Entre esas 411 reservas que componen la Red Mundial destacan lugares tan emblemáticos como el monte Olimpo, en Grecia, el parque Yellowstone en Estados Unidos o el alto Orinoco, en Venezuela, entre muchos otros.


Anatomía de una Reserva de la Biosfera

Las reservas se estructuran en tres zonas definidas y relacionadas entre sí, aunque siempre de una forma flexible con el fin de adaptarse a las condiciones particulares de cada entorno y a las actividades que puedan llevarse a cabo en ellas. Esta zonificación suele tener forma de tres anillos concéntricos: la parte central o zona núcleo, seguida de una zona tampón o de amortiguación y, por último, la llamada zona de transición o parte exterior. La propiedad del suelo de esas tres zonas es variable pero habitualmente las zonas núcleo son suelo público, la zona de amortiguación puede ser pública o privada y la zona exterior suele ser de propiedad privada.

La zona núcleo debe estar estrictamente protegida, ya que en ella se incluyen los ecosistemas y las especies mejor conservados y característicos de la región; a pesar de ello, admite ciertas actividades siempre que no atenten contra los objetivos de conservación, como pueden ser la investigación o ciertos usos recreativos.

La zona tampón rodea a la zona núcleo, tiene sus límites bien marcados y sirve de espacio de amortiguación de la primera. Las actividades, económicas y de otro tipo, que se llevan a cabo en este espacio no deben suponer un obstáculo para los objetivos de conservación del corazón de la reserva y entre ellas destaca la investigación experimental sobre el mejor manejo y gestión de los recursos naturales (las tierras, los bosques, la pesca, etc) así como experiencias concretas de recuperación de espacios degradados. En esta zona se promueven también actividades de formación y de ocio.

Por último, la zona de transición abarca espacios en los que se admite una mayor actividad humana y no tiene una delimitación estricta, sino que puede cambiar de tamaño con el tiempo pero siempre con la aplicación de criterios sostenibles en la explotación de recursos. Es ahí justamente donde se llevan a cabo los principales estudios de desarrollo sostenible, combinado la investigación con las necesidades sociales, culturales, y económicas de la población local. Por ello la zona de transición admite la existencia de asentamientos humanos y de actividades económicas de aprovechamiento agrícola, forestal o ganadero, por ejemplo.

Frecuentemente estos espacios ya gozan de protección legal antes de ser declarados reservas de la biosfera, reuniendo incluso diversas figuras de protección, como es el caso de Doñana, en Huelva, que posee las calificaciones de Reserva de la Biosfera, Zona Húmeda de Importancia Internacional (Convenio RAMSAR), Zona de Especial Protección de las Aves (ZEPA), Parque Nacional, Espacio Natural y Patrimonio de la Humanidad.

Sin embargo, no cualquier espacio natural puede aspirar a esa figura. Las Reservas de Biosfera son designadas por el Consejo Internacional de Coordinación del MAB a solicitud del Estado interesado; pero para poder serlo, las RB deben cumplir una serie de requisitos. En primer lugar, han de satisfacer las funciones prioritarias ya comentadas de conservación -de especies, ecosistemas y paisajes- y de desarrollo económico sostenible, además de contar con el apoyo logístico a las labores de formación e investigación asociadas a las funciones anteriores.

En lo referente a los criterios de designación de un espacio como reserva de la biosfera, éste debe contener un mosaico, una diversidad de hábitats representativos de regiones biogeográficas, así como ecosistemas naturales (especies endémicas o en peligro) y humanos (prácticas tradicionales y usos artesanales) de importancia para la conservación de la biodiversidad.

Por otro lado, el área debe ofrecer la posibilidad de ensayar y experimentar a escala regional o local con métodos de desarrollo sostenible y convertirse con el tiempo y a través de esos proyectos piloto en una "ecorregión". Debe tener también las dimensiones suficientes como para poder establecer una zonificación que permita cumplir con los objetivos propios de las reservas en cada una de las tres zonas.

Por último, deben existir disposiciones legales y mecanismos de organización que propicien la participación de todos los sectores implicados en el desarrollo de la zona, desde autoridades públicas a organizaciones privadas, tanto de ámbito local como estatal.


La Red española España cuenta con una importante red de espacios naturales calificados como reservas de la biosfera que ocupan un total de 1.154.597 hectáreas (Ver mapa interactivo). Concretamente, veinte zonas de nuestra geografía han sido calificadas con esa figura. La última de ellas, la de Redes, en Asturias, fue declarada como tal el pasado mes de septiembre, pasando a ser la tercera RB de esa comunidad, junto a las de Muniellos y Somiedo.

Redes cuenta con un importante bosque caducifolio, impresionantes hayedos y fauna autóctona de gran interés para la conservación, como el lobo, el oso pardo, la vaca casina y el urogallo. Actualmente, y para esta misma zona, se está tramitando la documentación con el fin de obtener la declaración de Reserva de Biosfera para el Parque Nacional de Picos de Europa, como parte del proyecto de creación de una gran reserva de la biosfera de toda la zona cantábrica, desde Finisterre hasta Navarra.

La Red Española de Reservas de la Biosfera se constituyó en junio de 1992, durante la reunión celebrada en el parque de Ordesa-Viñamala, el primer espacio natural español que obtuvo dicha calificación. La distribución por comunidades , además de las tres RB mencionadas en Asturias, es como sigue: siete en Andalucía, tres en Canarias, y una en las comunidades del País Vasco, Aragón, Navarra, Cataluña, Castilla-La Mancha, Baleares y Madrid.

Casi la mitad del total de la superficie de espacios protegidos en nuestro país corresponde a Andalucía con un 16,95% del territorio de la Comunidad Autónoma protegido. Canarias, por su parte, dedica un 43,33% de su superficie a conservar su naturaleza, mientras en el otro extremo se encuentran La Rioja, Galicia, Castilla y León, Castilla-La Mancha y Extremadura, con apenas áreas de protección. En general, España cuenta con menos espacios protegidos que el resto de Europa; sin embargo nuestro país posee una mayor diversidad de ecosistemas bajo figuras de protección, y se prevé que el 15 % del territorio nacional pase a estar protegido cuando funcione plenamente la Red de ámbito comunitario NATURA 2000.

Aunque la extensión de los parques y espacios naturales del planeta es tan grande como lo pueda ser la superficie de la Antártida, la presión humana sobre el suelo y el agua sigue amenazando a la biodiversidad. Es importante, pues realizar un esfuerzo común; pues tal y como avanza el deterioro de amplias zonas del mundo, junto a los obstáculos para la conservación que plantean la financiación de los espacios protegidos y el propio desarrollo económico, cabe preguntarse si las reservas de la biosfera no acabarán convertidas en espectaculares parques biotemáticos, archivos vivientes para los recuerdos de la humanidad.

Autor: Elvira Fernández | 2001

Ciencia Digital, Copyleft 2006 · Permitida reproducción citando al autor y la fuente, e incluyendo enlace · Diseño y desarrollo: Ciencia Digital