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CIENCIA, GENTES E HISTORIAS

Las primeras revistas científicas españolas

En 1801, hace doscientos años, los Anales de Historia Natural cambiaron su nombre por el de Anales de Ciencias Naturales. Esta revista, la primera dedicada exclusivamente a las Ciencias Naturales en España, y algunas otras, a las que también haremos referencia en este artículo, habían comenzado su andadura en la segunda mitad del siglo XVIII.


Con un considerable retraso, respecto a otros países europeos en donde ya en el siglo XVII se publicaban publicaciones periódicas científicas (en Alemania Acta eruditorum comienza a publicarse en 1665, en Francia Journal des Savants en 1682 , etc.), en España las primeras revistas que hoy entenderíamos como estrictamente científicas comenzaron a editarse en la segunda mitad del siglo XVIII.


Anales de Historia Natural

Una de estas revistas, los Anales de Historia Natural, salió a la calle por vez primera en octubre de 1799. Comenzaba, aquel número, con un prólogo de dos páginas firmado por H.P.F.C., iniciales que correspondían a los cuatro científicos responsables de su edición (Herrgen, Proust, [García] Fernández y Cavanilles]. En el mismo se apuntaba la necesidad de dicha publicación, al haber alcanzado la Historia Natural durante el siglo XVIII un punto de perfección que asombraba. Se señalaba, también, que se publicaría por números, pero sin prefijar el momento de aparición de cada uno de ellos, ya que esto dependería de que hubiera suficiente material para confeccionar el número.

Como preveían los editores, la publicación de la revista fue irregular. En el año fundacional sólo se publicaron dos números, en 1800 cuatro, en 1801 seis, … Por lo general el número constaba de unas cien páginas, pero en alguna ocasión sobrepasaron las 150. Los trabajos, en su gran mayoría originales, se acompañaban de cuidadas láminas a doble página.


Anales de Ciencias Naturales

El número 7 (enero de 1801) aparece ya con el título de Anales de Ciencias Naturales. Al comienzo del mismo figura una advertencia en la que se justificaba el cambio de nombre al haberse producido una ampliación de los estrechos límites prefijados en un principio. No obstante, los cambios que pueden observarse en la estructura de la revista son mínimos y de ahí que el resumen conjunto que ofrecemos a continuación no haga distingo entre ambas épocas de la publicación.

Los trabajos botánicos son los que ocuparon mayor número de páginas. En ellos, fundamentalmente, se da cuenta de nuevos géneros y se describen plantas de diferentes lugares. La mineralogía, con los trabajos de Herrgen y algunos de sus discípulos, también cuenta con mucha presencia. Trabajos de zoología, física, medicina, astronomía, hidrografía e incluso de historia de la ciencia también tienen cabida en los 21 números que se publicaron, que conformaron un total de 7 tomos.

Dicho lo anterior no debe sorprender el que fuera Cavanilles, con 48 artículos, el más prolijo autor de los Anales, ni que Herrgen, que además tradujo numerosos trabajos, le siguiera, hasta totalizar 26. A estos dos autores, y ya con una contribución bastante menor, les siguen el geógrafo y naturalista alemán Alexander von Humboldt, Ignacio de Asso, Domingo García Fernández, Andrés Manuel del Río y Luis Née.


Otras revistas científicas del siglo XVIII

Al menos dos revistas, de corte esencialmente científico, debemos apuntar como precedentes de los Anales de Historia Natural. La primera, en el tiempo, se publicaría en Sevilla, dependiente de la Regia Sociedad de Medicina, a partir de 1766 con el título de Memorias académicas de la Real Sociedad de Medicina y demás Ciencias de Sevilla. El segundo volumen lleva la fecha de 1772, los cinco siguientes los años de 1785 a 1789, el que corresponde al octavo (1789) no llegó a publicarse, pero si los tomos noveno (1791), décimo (1792) y undécimo (1819). La segunda publicación, de este tipo, llevaba por título Anales del Real Laboratorio de Química de Segovia. Dirigida por Proust, que además era el más fecundo autor de la misma, sólo completo dos tomos, fechados respectivamente en los años 1791 y 1795.

Próxima a las anteriores, pero de carácter técnico y con objeto de instruir en las prácticas agrícolas a la población carente de estudios, se publicó en Madrid entre 1797 y 1808 el Semanario de Agricultura y Artes, dirigido a los Párrocos. En un principio su principal responsable fue el abate Juan Antonio Melón, pero a partir de 1805 se responsabilizaron del Semanario los profesores del Real Jardín Botánico Antonio Zea, Claudio y Esteban Boutelou y Simón de Rojas Clemente.

Más alejadas de lo que hoy entendemos por una revista científica, pero en las que es posible encontrar trabajos de esa naturaleza, se publicaron , entre otros, los títulos siguientes: Correo General de España y Noticias importantes de Agricultura, Artes, Manufacturas, Comercio, Industrias y Ciencias (Madrid, 1769-1771), Discursos Mercuriales, Memorias sobre la Agricultura, Marina, Comercio y Artes Liberales y Mecánicas (Madrid, 1755-1756), Memorial Literario instructivo y curiosos de la Corte de Madrid (Madrid, 1784-1808) y Miscelánea Instructiva, Curiosa y Agradable, ó Anales de Literatura, Ciencias y Artes. Sacados de los mejores escritos que se publican en Europa, en diversos idiomas (Alcalá de Henares y Madrid, 1796-1800).

Todas estas revistas y algunas otras, desde las estrictamente científicas a las que ocasionalmente publicaron trabajos de esta índole, resultaron fundamentales para dar a conocer los trabajos científicos que se hicieron en España en la segunda mitad del siglo XVIII y primeros años del siglo XIX.


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CHRISTIANO HERRGEN

Mineralogista alemán que, luego de estudiar con Abraham G. Werner en la famosa Escuela de Minas de Freyberg, pasó a Madrid al servicio del Real Gabinete de Historia Natural, y en esta ciudad falleció en 1816. A los pocos años de estar en el Gabinete como colector de minerales y fósiles, por intervención del entonces director, José Clavijo Fajardo, se creó un Estudio de Mineralogía cuya dirección se le encomendó. En él, Herrgen orientó las enseñanzas según las nuevas ideas de Werner y René-Just Haüy.


LOUIS PROUST

El químico francés Louis Proust (1754-1826) era el que contaba con mayor prestigio científico de los cuatro editores. Su primera venida a España había tenido lugar en 1777 contratado por el Real Seminario Patriótico de Vergara. Su segunda estancia había comenzado en la Academia de Artillería de Segovia, donde estuvo como profesor de química, pero en 1799 se encontraba en Madrid al frente del Laboratorio de Química. Enunció la ley de las proporciones definidas, también conocida como ley de Proust.


DOMINGO GARCÍA FERNÁNDEZ

Nacido en Berolado (Burgos), desempeñó diversos cargos oficiales que tenían cierta relación con la química y la mineralogía (Inspector General de Ensayos de Moneda, asesor de química de la Real Junta de Comercio, director de las Minas de Almadén , etc. ...), de ahí que la mayor parte de sus publicaciones respondieran a informes que, a lo largo de su vida oficial, hubo de elaborar. Además tradujo, con adiciones, obras como los Elementos de Farmacia de Antoine Baumé y un manual de tintes de Claude Louis Berthollet.


ANTONIO JOSÉ CAVANILLES

Botánico valenciano (1745-1804) que fue el verdadero animador de la publicación de los Anales. Aunque su inclinación hacia la botánica fue algo tardía, lo cierto es que su producción en este terreno fue muy amplia, sobresaliendo sus Icones et descriptiones plantarum que en seis volúmenes se publicaron entre 1791 y 1801. En 1801 fue nombrado director del Real Jardín Botánico de Madrid, lo que aprovechó para introducir sensibles mejoras técnicas y científicas en el establecimiento .

Autor: Alberto Gomis Blanco | 2001












































































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