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CIENCIA, GENTES E HISTORIAS
Landsteiner y el descubrimiento de los grupos sanguíneos
Se cumple este año el centenario de la publicación del trabajo de Karl Landsteiner donde por vez primera se daba a conocer la existencia de tres grupos sanguíneos distintos (A, B y 0) en las personas. Este descubrimiento, que fue completado en los años siguientes, resultó de extraordinaria importancia para llevar a cabo con mayor éxito las transfusiones sanguíneas.
¿Quién fue Landsteiner?
Karl Landsteiner fue un inmunólogo y patólogo austríaco (nació en Viena el 14 de junio de 1868) que, tras alcanzar el grado de doctor en medicina en la Universidad vienesa en 1891, estudió química en diferentes centros de Suiza y Alemania. De 1897 a 1907 trabajó en el Instituto anatomopatológico de la Universidad de Viena, para pasar más tarde a otras instituciones de Viena (Hospital Wilhelminen) y La Haya (Hospital Real), hasta que en 1922 se incorporó al Instituto Rockefeller de Nueva York. En ésta última ciudad fallecería el 26 de junio de 1943. Trece años antes, en 1930, había recibido el Premio Nobel por el descubrimiento y tipificación de los grupos sanguíneos humanos, su más importante contribución científica. Pero también se le deben aportaciones en campos como los de la anatomía patológica, la histología y la inmunología, así el diagnóstico de la sífilis mediante microscopía de campo oscuro.
La transfusión sanguínea antes y después de Landsteiner
No tenemos datos exactos del momento en que se practicó la primera transfusión de sangre entre humanos (la idea de comunicar salud y vitalidad a través de la sangre es muy antigua). Durante el siglo XVII las transfusiones se emplearon con alguna profusión para combatir las hemorragias quirúrgicas -sobre todo en París-, pero los éxitos que se obtenían en ocasiones, se alternaban con frecuentes fracasos, hasta el punto que en 1868 el gobierno intervino para limitar su realización. Hoy en día sabemos que no se puede recibir sangre de cualquier persona, pues la mezcla de grupos incompatibles implica complicaciones graves, como la obstrucción de los conductos renales por los productos de desecho, que llevan en muchas ocasiones a la muerte.
Fue en la etapa de ayudante en el Instituto anatomopatológico vienés cuando Landsteiner diferenciaría tres clases de sangre en las personas: A, B y 0. En efecto, en su trabajo "Über Agglutinationserscheinungen normalen menschlichen Blutes" ("Sobre los fenómenos de aglutinación de la sangre humana normal") publicado, sin muchas pretensiones, en la Klinische Wochenschrift de Viena, señalaba el haber encontrado tres tipos diferentes de glóbulos rojos, así como dos clases de anticuerpos de los grupos sanguíneos (isoaglutininas).
Para llegar a su descubrimiento, Landsteiner experimentó con muestras de su propia sangre y la de cinco colaboradores, habiendo procedido del modo siguiente: separó el suero, lavó -a continuación- los glóbulos rojos y los introdujo en una solución de sal común, para finalmente comparar la relación de cada suero con los diferentes glóbulos rojos. Los resultados obtenidos le permitieron incluir en el grupo que denominó A a la sangre en cuyos glóbulos rojos está el aglutinógeno A y con aglutinina anti-B; en el B los de glóbulos rojos con aglutinógeno B y con aglutinina anti-A; y en el 0, la que no contiene ningún aglutinógeno, pero sí lleva aglutininas anti-A y anti-B. A partir del conocimiento de estos tres primeros grupos sanguíneos, la transfusión sanguínea resultaba mucho más factible cuando donador y receptor pertenecían al mismo grupo.
El grupo sanguíneo AB y los subgrupos
Al año siguiente, 1902, Alfred von Decastell añadiría un cuarto grupo sanguíneo a los tres anteriores. Lo denominó AB por contener tanto aglutinógenos A, como aglutinógenos B, pero sin embargo carecía de cualquier aglutinina. A partir de ese momento, por esa carencia de aglutininas, el grupo AB fue considerado el receptor universal. Por su parte, el grupo 0, que carece de aglutinógenos, fue señalado como el donador universal.
Con el paso del tiempo se ha ido descubriendo la existencia de una serie de subgrupos (A1, A2, A3, A1B, A2B, A3B) que hacen posible una mejor equivalencia entre el donador y el receptor en una transfusión sanguínea. Todo ello ha ido redundando en un mayor conocimiento de compatibilidades e incompatibilidades entre la sangre de unas personas y otras y ha permitido abrir nuevas líneas de investigación, como la que ha permitido la realización de pruebas de paternidad.
Autor: Alberto Gomis Blanco | 2001

