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POLÍTICA CIENTÍFICA
De profesión, becarios
Trabajan en los laboratorios, las universidades y los centros de investigación de nuestro país. Cualificados y tenaces, demuestran en su labor diaria una clara vocación de hacer ciencia. Son miembros de esa generación de jóvenes sobradamente preparados de nuestros días, que investigan en el anonimato bajo una figura 'en formación' bien conocida: la del becario.
Narciso Benítez tiene 33 años. Vasco de nacimiento, solicitó su primera beca en 1986 para realizar sus estudios universitarios en la Unión Soviética, en la especialidad de Astrofísica. "Ahora suena extraño, pero en aquella época el nivel científico de la Unión Soviética era comparable con el de Estados Unidos en muchos aspectos, y desde luego mucho más alto que el de España - nos cuenta -. La URSS acababa de poner la estación MIR en órbita, y el clima socio-político parecía que mejoraba con la Perestroika de Gorbachev, así que no me lo pensé mucho. Tras un duro proceso de selección (se presentaban 200 candidatos para 10 becas), obtuve la beca y llegué a Moscú en agosto de 1986". Una vez obtuvo su licenciatura cum laude, en 1993, Benítez comenzó su andadura como becario predoctoral en el Departamento de Física Moderna de la Universidad de Cantabria. "Leí mi tesis en mayo de 1997 y, en octubre, empecé a trabajar en la Universidad de California en Berkeley con una beca postdoctoral del Gobierno Vasco", recuerda. Cuando la segunda beca tocaba a su fin, Narciso Benítez recibía su primera oferta de trabajo de la Universidad de California. Poco después, a comienzos del 2000, firmaba un contrato como investigador científico asociado en el Departamento de Física y Astronomía de la Universidad Johns Hopkins de Baltimore (EE.UU.). Allí trabaja actualmente en el proyecto de la "Advanced Camera for Surveys", una nueva cámara que será instalada en el Telescopio Espacial Hubble en enero del 2002.
La situación de los becarios
Benítez es sólo uno de los muchos científicos españoles que, con una brillante formación en centros de investigación de primera categoría mundial, han terminado trabajando en el extranjero dada la falta de oportunidades existente en nuestro país. "Si uno lo que pretende es salir al extranjero, aprender cosas nuevas y, después, regresar para intentar aplicarlas en su país, la situación de los becarios españoles está bastante mal - nos asegura el investigador -. Si, por el contrario, se pretende hacer ciencia, sea donde sea, las cosas sí están bastante bien. Aquí, en Estados Unidos, hay paro prácticamente cero para los científicos, incluso con la recesión que parece que se avecina. De hecho, este año hemos tenido problemas para contratar a otro investigador en nuestro Departamento: los dos mejores candidatos encontraron otros trabajos antes de que se acabara el proceso de selección." Una situación muy diferente a la que se vive en España.
Los comienzos de los becarios son más alentadores. Los primeros años de beca se presentan apasionantes, pues ofrecen a los recién licenciados, normalmente los más brillantes de cada promoción, la posibilidad de iniciarse en la investigación, participar en proyectos nacionales e internacionales de interés y entrar en contacto con investigadores de prestigio en la comunidad científica. Sin embargo, cuando la situación se prolonga, lo que había empezado como una magnifica oportunidad de formación científica pierde su encanto. Los becarios se convierten en investigadores en el anonimato, bien cualificados, cuyo trabajo sostiene gran parte del sistema científico español desde un segundo plano. "Cuando a uno le conceden la beca es una alegría, porque se puede dedicar a la investigación - nos cuenta Pablo Díaz Villar, Ingeniero Industrial que trabaja como becario en el Instituto de Energía Solar, donde realiza su tesis doctoral -. Pero enseguida uno comprueba que, realmente, está trabajando como cualquier otro trabajador, que el tema de tesis está dentro de la línea de investigación del grupo, que escribe publicaciones y que participa en proyectos, pero todo ello sin ningún derecho laboral, ni el más básico".
La situación precaria, propia de lo que se concibe como 'personal en formación', se mantiene durante años (una media de ocho a diez) con los consiguientes perjuicios derivados de la ausencia derechos a prestaciones por desempleo, seguridad social, bajas por maternidad o enfermedad, cotización en el sistema de pensiones, experiencia profesional o, incluso, posibilidad de firmar en proyectos de investigación. Unas condiciones que, unidas a un sueldo que sólo en casos excepcionales llega a alcanzar las 160.000 pesetas brutas mensuales (sujetas a retenciones del IRPF), hacen insostenible la situación de los miles de becarios españoles, algunos de ellos con edades próximas a los 40 años, que ven frustrado cualquier intento de llevar una vida digna dedicándose a la investigación.
Precarios unidos
La crudeza de la situación y su progresivo deterioro ha provocado que, en los dos últimos años, los movimientos de becarios hayan resurgido para denunciar sus condiciones y ofrecer alternativas y soluciones a su precariedad. Así nacía, en abril del pasado año, la Federación Estatal de Jóvenes Investigadores Precarios (FIJ/Precarios), agrupando a las asociaciones regionales de becarios para aunar y coordinar sus esfuerzos. "Las asociaciones de becarios existen desde hace muchos años, pero nunca han conseguido una nucleación por la temporalidad de nuestra situación - nos explica Carlos Peña Garay, presidente de la Federación y un becario más de los enrolados en centros de investigación españoles, en su caso en el campo de la física de neutrinos -. Cuando los becarios más activos terminaban (o no) sus tesis, el movimiento se detenía. Ahora, sin embargo, la fuerza con la que intentamos difundir nuestra situación es mayor".
Entre las acciones llevadas a cabo por la Federación hasta la fecha destaca la difusión de una Carta Abierta sobre su situación y sus demandas, la convocatoria de diversas movilizaciones y manifestaciones nacionales y autonómicas, y la redacción de un Manifiesto contra la Precariedad en la Investigación, presentado el 2 de febrero de este año a los medios de comunicación y que, actualmente, se encuentra en fase de recogida de firmas de apoyo por parte de la Comunidad Científica, Académica y Cultural.
Y es que son numerosos los científicos, docentes e investigadores que coinciden al expresar su malestar por la situación de los becarios, cuyo papel fundamental en el Sistema español de Ciencia y Tecnología no dudan en reconocer. "Creo que no pecaría de rotundo si dijese que la ciencia española funcionó hasta hace muy poco gracias a los becarios predoctorales", asegura Xose Bustelo, Vicedirector y destacado investigador del Centro de Investigación del Cáncer (CIC) de Salamanca. Este científico de origen gallego, formado a medio camino entre España y Estados Unidos, conoce la situación de los becarios desde las dos posiciones: como ex-becario y como actual responsable de uno de los laboratorios del CIC. Para él, la principal deficiencia del actual sistema científico español reside en las financiaciones que reciben los grupos de investigación, tan pequeñas que imposibilitan la contratación de personal investigador. "Por poner un ejemplo, con el dinero asociado a un proyecto de investigación americano se pueden contratar entre 4 y 5 investigadores. Aquí, como mucho, estamos contentos con un técnico o un postdoctoral. Esto hace que existan bolsas de personal altamente cualificado que no pueden ser integradas fácilmente en el sistema científico actual".
Al mismo tiempo, el profesor Bustelo señala desde su propia experiencia que "las convocatorias de proyectos y becas son generalmente tan caóticas que es imposible conseguir que las personas que trabajan en los laboratorios tengan una continuidad durante los periodos de renovación de los proyectos". Además, el investigador se hace eco de la necesidad de que los estudiantes puedan disfrutar de sus becas desde el mismo momento de su incorporación a los laboratorios de investigación. "Mis estudiantes de doctorado - nos cuenta - se incorporaron a mi laboratorio en septiembre del año pasado, y no han recibido todavía los sueldos correspondientes a sus becas". No obstante, las imperfecciones del sistema no oscurecen sus también reconocidas fortalezas, que para Bustelo son claras: "tenemos unos estudiantes muy bien formados que, en un tiempo corto de formación, pueden estar haciendo investigación de calidad en cualquier campo".
Cerebros en el exilio
El problema se plantea cuando esa calidad investigadora debe 'emigrar' al extranjero como única posibilidad, dando lugar al fenómeno conocido como "fuga de cerebros". Concluidas las becas, la situación de los becarios empeora al encontrarse que las perspectivas de futuro son escasas. Con su etapa de formación completada y un excelente currículo a sus espaldas, sólo unos pocos privilegiados encuentran trabajo como investigadores en España. Los restantes pueden optar a ser contratados en el extranjero (en un alto porcentaje) o a abandonar la carrera científica en busca de un puesto de trabajo estable en otro sector. "Los que estamos fuera nos pasamos el tiempo hablando de lo difícil que es volver a España como científicos, de lo triste que es que, después de habernos formado en los mejores laboratorios del mundo y haber demostrado nuestra valía, nuestro país no haga prácticamente nada por recuperarnos - lamenta Paula Suárez-López, una de esas investigadoras en el 'exilio' -. La situación de los que han conseguido volver (con becas o contratos temporales) es casi peor; muchos se ahogan en un sistema que ni les incorpora de verdad ni les deja investigar en unas condiciones dignas. En cuanto a los que aún no han salido del país, basta con mirar las páginas de Internet de asociaciones de becarios y leerse la multitud de carta de protesta que se han escrito durante el último año para darse cuenta de cuál es el sentir de muchos de ellos".
Con una trayectoria de 13 años como becaria, esta joven y brillante investigadora reside actualmente en Inglaterra, donde después de 4 años como becaria obtuvo el pasado año un contrato de 12 meses en el John Innes Centre, el mejor centro de investigación de plantas de Europa, donde estudió los mecanismos por los que las plantas regulan el momento de floración usando como modelo Arabidopsis thaliana. Sus publicaciones en revistas del prestigio de Nature avalan su excelente trayectoria científica. "De mi etapa postdoctoral en el extranjero - nos cuenta - me queda haberme integrado en la comunidad científica internacional, haber superado el complejo de inferioridad que tenemos muchos científicos españoles respecto a otros países, haber obtenido un reconocimiento profesional internacional que España nos niega a la mayoría de sus investigadores y, finalmente, la frustración de saber que si hubiese nacido en EE. UU., Reino Unido, Francia, Alemania, Holanda u otros países científicamente más civilizados que España, casi con toda seguridad haría varios años que tendría una plaza. Sin embargo, por ser española y empeñarme en volver a mi país (y por confiar en que en España las cosas podrían empezar a mejorar) estoy en el paro".
El fenómeno de la "fuga de cerebros" a países extranjeros tiene dos vertientes. "Por un lado está la gente que no vuelve porque no tiene la mínima oportunidad de hacerlo, y que están en una situación bastante precaria fuera - nos explica Narciso Benítez -. Esta es la gente que normalmente es absorbida por la empresa privada en Estados Unidos, mientras en España lo que les espera es un desperdicio de talento y de dinero impresionante. Por otro lado está la minoría que ha conseguido una buena situación fuera, científicamente hablando, y que incluso podrían volver si se lo propusieran, pero que no les compensa hacerlo porque las condiciones para hacer ciencia en España son mucho peores. Yo creo que habría que hacer un esfuerzo especial por atraer a estos últimos, porque tal como están las cosas ahora hay un sistema de selección negativa: Cuanto mejor es un científico, más posibilidades tiene de encontrar un buen trabajo fuera y, por tanto, menos estímulos encuentra para volver". Para Paula Suárez ese regreso es difícil considerando la situación actual del sistema. "Hay un grupo de investigadores entre los 30 y 45 años que, desde mi punto de vista, nunca van a ser recuperados por España. La mayor parte de la generación se convertirá en una especie de eslabón perdido para la ciencia hispana".
Por su parte, los actuales becarios son conscientes de lo que les espera en un futuro próximo. "Mi previsión es solicitar un 'contrato' en los Estados Unidos por dos años - nos confiesa Carlos Peña Garay -. Más allá de esto es inútil cualquier previsión de futuro por el momento". Para Pablo Díaz Villar, las perspectivas como Ingeniero Industrial en España no son tampoco muy alentadoras. "Para tener algún derecho laboral la única opción parece ser abandonar la investigación, que es una de las posibilidades - comenta -. Otra posibilidad es intentar seguir como becario postdoctoral, aunque con pocas opciones de continuar una vez concluida la beca".
En busca de soluciones
Hace apenas unos meses, un nuevo programa del Ministerio de Ciencia y Tecnología ofrecía un pequeño atisbo de luz y esperanza a los investigadores españoles en formación o en el extranjero. Ochocientas nuevas plazas salían " a subasta" para ser concedidas a jóvenes científicos en base a sus currículo y a los proyectos presentados en las candidaturas al Plan "Ramón y Cajal". Entre los requisitos se incluía la presentación de una carta de aceptación del centro en el que se pretendiera instalar el interesado. Esta condición ha hecho que muchos científicos españoles brillantes hayan quedado fuera del proceso de selección, ya cerrado, lo que ha llevado a acusar de cierta "endogamia" al programa.
A esta crítica hay que añadir que el Plan "Ramón y Cajal" no tiene previsto el futuro de los nuevos 800 científicos españoles una vez transcurridos los cinco años de su contrato inicial, si bien se ha exigido a los centros receptores el desarrollo de un plan de creación de puestos de trabajo a 7 años vista. "Programas como el Ramón y Cajal son un pequeño avance, pero suponen más que nada una especie de parche momentáneo que no asegura un futuro profesional a los investigadores que se acogen a él", nos cuenta Yolanda Calle, becaria postdoctoral en el Centro Randall del King's College de Londres, donde aún permanecerá al menos dos años más. La Federación de Jóvenes Investigadores plantea la misma crítica: "Si este programa quiere resolver problemas anacrónicos, debe plantearse no sólo como solución temporal, sino integrado dentro de un completo programa de carrera científica en España", apunta su presidente. En cualquier caso, la incorporación de 800 nuevos investigadores al Sistema española de Ciencia y Tecnología durante el 2001, a los que se sumarían otros 1.200 en los dos próximos años, no es suficiente para superar el déficit de 15.000 científicos que nos separa de la media europea de personal investigador, por lo que las soluciones no pueden quedar aquí
Entretanto, son muchas las propuestas que llegan desde el colectivo de becarios españoles y de investigadores en el extranjero para mejorar el 'estado de salud' de la ciencia en España. La Carta Abierta de la Federación de Jóvenes Investigadores recoge, entre otras posibles medidas, la conversión de las actuales becas en contratos de formación mediante la creación de una nueva figura denominada Personal Investigador en Formación (PIF), de naturaleza análoga al MIR (Médico Interno Residente). Con este cambio se pretende el reconocimiento del antiguo becario de investigación como trabajador, con todos sus derechos y también deberes, incluyendo específicamente la integración en el régimen general de la Seguridad Social. Mientras los miembros de la Federación trabajan en la elaboración de una Propuesta de Ley que rija las condiciones de ese PIF, en el ámbito política la proposición ha tenido eco a través de una Proposición No de Ley de Izquierda Unida en el Congreso de los Diputados y, más recientemente, de una moción presentada en el Senado para sustituir las becas por contratos, que fue rechazada.
La creación de nuevos grupos de investigación con científicos de calidad, formados en muchos casos fuera de España, es otra de las medidas propuestas por investigadores como Xosé Bustelo, quien ve en ella la posibilidad de impulsar la creación de empleo a la vez que se promueve una investigación de alta calidad en nuestro país que permita "llegar a niveles competitivos". A esta lluvia de ideas se añaden las sugerencias de Paula Suárez, quien considera que "hacen falta medidas tajantes para erradicar la endogamia, ya que la incorporación de lo malo conocido frena la entrada de lo bueno por conocer, e incluso a veces de lo bueno sobradamente conocido". "Incentivar la investigación privada y flexibilizar el rígido sistema de funcionariado, creando contratos renovables en función del rendimiento, serían medidas que también impulsarían la ciencia - añade -. Finalmente, es necesario informar a la sociedad para que comprenda la relevancia de la investigación para el desarrollo de un país".
En cualquier caso, lo que sí parece ser una demanda unánime es el aumento del presupuesto destinado a Investigación + Desarrollo (I+D). Las cifras hablan por sí solas: España destina en la actualidad un '89% del producto Interior Bruto a I+D, mientras que la media europea gira en torno al 2%, la mitad que EE.UU. donde se llega al 4%. Según las demandas del reciente "Pacto Social por la Ciencia y la Tecnología", presentado en Madrid el pasado año, sería preciso doblar el gasto dedicado a la ciencia y duplicar el número de científicos. "El comienzo del siglo XXI - manifestaban los entonces firmantes - puede ser la gran oportunidad para formalizar un nuevo pacto social que contribuya de manera decisiva al desarrollo de la Ciencia y la Tecnología y a la mejora de la calidad de vida".
Mientras el debate prosigue y las voces de los protagonistas continúan alzándose en señal de protesta, los cerca de 30.000 becarios españoles, que según estimaciones de FJI/Precarios representan cerca del 40% del personal investigador de nuestro país, siguen sosteniendo con su trabajo una parte importante del Sistema español de Ciencia y Tecnología. Ellos son los motores de una generación cualificada y muy activa, con altas dosis de iniciativa e imaginación y unas ganas arrolladoras de situar a nuestro país en los puestos de cabeza de la investigación científica mundial... Si les dejan.
Autor: Elena Sanz | 2001
