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CIENCIA, GENTES E HISTORIAS
Ignacio Bolívar, director del Museo de Ciencias Naturales
Generalmente, las fechas que corresponden al nacimiento o muerte de personas célebres, o las de creación o desaparición de instituciones, son las que se conmemoran cuando se cumple un aniversario oportuno. Hechos puntuales, como fue el nombramiento de Ignacio Bolívar como director del Museo de Ciencias Naturales, pero que resultaron transcendentales para el desarrollo posterior de una disciplina -en este caso las ciencias naturales en España-, suelen pasar desapercibidos.
El año 1901 -el 2 de julio, según señala Agustín J. Barreiro en la historia que escribiera del Museo- Ignacio Bolívar Urrutia fue nombrado director del Museo Nacional de Ciencias Naturales.
Bolívar contaba esos momentos cincuenta años de edad. Nacido en Madrid (9 de noviembre de 1850), desempeñaba desde 1877 la Cátedra de Articulados de la Universidad Central. Su prestigio dentro del Consejo de Instrucción Pública había motivado que el ministro Antonio García Alix le encargase la reforma de la Facultad de Ciencias que se había llevado a cabo en 1900. A nivel internacional su prestigio no era menor, pues ya era considerado como uno de los principales especialistas de ortópteros y estaba en relación con los principales entomólogos de todo el mundo.
El Museo, que como Gabinete de Historia Natural fundara Carlos III en 1771, atravesaba desde 1895 una de sus etapas más difíciles. Por R.O. de 3 de agosto de ese año se había dispuesto el súbito desalojo del Museo de la calle de Alcalá, donde se encontraba desde su fundación, y su alojamiento en los sótanos del Palacio de la Biblioteca y Museos Nacionales, en el Paseo de Recoletos. No se trataba, con ello, de buscar una mejor ubicación para el Museo, sino una necesidad de que éste dejase libre esas dependencias, para poder ampliar las oficinas del Ministerio de Hacienda, hasta ese momento colindantes, pared por medio. El naturalista Manuel Cazurro (1865-1935), uno de los afectados por el traslado, describió los nuevos espacios del modo siguiente: "los bajos de la calle de Villanueva, en gran parte a un nivel inferior al piso de la calle, y por esta razón obscuros, húmedos, inadecuados para salas de exposición, desprovistos de alumbrado y sin ningún local para laboratorio ni otras dependencias. Algunas salas sólo recibían la luz por un techo de cristales, que era el suelo de otro departamento del piso superior, el que como en cambio recibía demasiada luz, le protegían a veces con toldos, quedando entonces las salas del Museo casi a obscuras". El Museo permanecía , en los inicios del siglo XX, cerrado al público y carecía de la más elemental infraestructura para el estudio y la investigación.
Una etapa de actividad desbordante
A partir del nombramiento de Bolívar, se inicia en el Museo una etapa de actividad desbordante. Así, el 12 de mayo de 1902, con ocasión de la jura y coronación del Rey Alfonso XIII, se celebró una fiesta académica en la que se inauguraron las instalaciones del Paseo de Recoletos. Pero es en 1910, gracias a las gestiones personales del propio Bolívar, cuando se consigue el traslado al Palacio de la Industria y Bellas Artes, en los altos del Hipódromo, su actual sede. El Museo dependía desde tres años antes de la Junta para Ampliación de Estudios e Investigaciones Científicas. La creación de la JAE por R.D. de 11 de enero de 1907 ayudó a que se consiguieran estos nuevas locales, mucho más a propósito, y fue un factor decisivo para que comenzaran a publicarse las tres series de los Trabajos del Museo Nacional de Ciencias Naturales (Zoológica, Botánica y Geológica) donde aparecieron publicados importantísimos trabajos del propio Bolívar y la mayoría de los naturalistas del momento (Ángel Cabrera, Romualdo González Fragoso, Lucas Fernández Navarro,...).
Un mérito grande de Bolívar fue el no descuidar ninguna de las secciones del Museo. Él era, además de director, Jefe de la Sección de Entomología, pero procuraba que todas las demás tuvieran también el personal y los medios necesarios para desempeñar su trabajo con un nivel científico elevado. Ismael del Pan, luego de la desaparición del maestro, le recordaba con estas palabras: "creemos, todavía, ver la prócer figura de don Ignacio, avanzar con paso mesurado por las salas y pasillos del museo, con aquella característica prestancia, aureolada de una serena ecuanimidad. Dulzura, afabilidad, llaneza, delicadeza espiritual, expandía aquel mirar del preeminente naturalista español, que alentaba al acercamiento y respetuosa amistad a todo el personal del museo. Esa mirada, a la vez insinuante y escrutadora, al ponerse en el semblante de sus interlocutores, provocaba el despertar de ideas dormidas en aquéllos".
En el Museo tenía la sede, durante estos años, la Sociedad Española de Historia Natural [Real, desde 1903 a 1931 y después de la guerra civil], de la que Ignacio Bolívar había sido socio fundador en 1871 y de la que entre 1883 y 1920 fue su tesorero, cargo que entonces llevaba parejo el de máximo responsable del Boletín que editaba la Sociedad. Museo y Sociedad constituían entonces una simbiosis que permitía incorporar, al núcleo de los naturalistas del Museo, otros naturalistas nacionales y extranjeros.
En 1920, al cumplir los setenta años de edad, hubo de jubilarse de la cátedra, pero fue confirmado -tras la petición, en tal del sentido, del Presidente de la JAE Santiago Ramón y Cajal- como Director del Museo y Jefe de la Sección de Entomología. Aún, al año siguiente, por R.O. de 16 de julio de 1921, sería nombrado Director del Real Jardín Botánico, en un intento de que llevara a cabo es esta institución una reestructuración tan eficaz como la conseguida en el Museo.
El progreso del Museo en los años veinte y treinta, tanto en lo relativo a personal como a material, hasta en los locales que ocupaba (se recuperó un ala que en principio pensaba destinarse al Museo del Traje) resulto más que notable. La guerra civil iba a frenar, drásticamente, su pujanza. Por Decreto de 1 de septiembre del Gobierno de la República los Museos de Ciencias Naturales y de Antropología, junto con el Jardín Botánico, se reúnen en el Instituto Nacional de Ciencias Naturales del que Bolívar es nombrado Presidente. El Museo de Ciencias Naturales se traslada a Valencia, más tarde Bolívar pasa al sur de Francia, desde donde se exiliará a México. A punto de cumplir ochenta y nueve años, dirá a sus allegados "Voy a morir con dignidad". Y en efecto, Ignacio Bolívar falleció en México D.F. el 19 de noviembre de 1944.
Autor: Alberto Gomis Blanco | 2001


