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ZOOLOGÍA
Los mensajes sísmicos de los elefantes
Nunca suspiró un rey, sin que gimiera con él el universo todo.
William Shakespeare, Hamlet
Son las 7:30 de la mañana del día 26 de enero de 2001 en el Parque Nacional de Bannerghatta, cerca de Bangalore, India. Los empleados del parque observan sobresaltados como los grandes mamíferos y aves del parque, que han estado durante toda la noche mucho más inquietos de lo habitual, emiten al unísono fuertes sonidos de alarma, corriendo o volando despavoridos hacia ninguna parte. Los elefantes no paran de barritar, mientras van saliendo desde todos los rincones de la selva hacia los claros del bosque. Los miembros del servicio de vigilancia forestal, instintivamente, salen al exterior de sus bungalows. A las 8:46 de la mañana, ocurre la gran catástrofe. El terremoto de Gujarat, con sus 6.9 puntos en la escala de Richter, asoló 7.904 pueblos y ciudades, afectando a 16 millones de personas, de una población total de 38 millones. Aunque los animales salvajes de Bannerghatta, de un modo u otro, habían sido capaces de sentir su llegada, advirtiendo así a los cuidadores del parque, el temblor cogió por sorpresa a las personas, incapaces de detectar absolutamente nada anormal. Dejó más de 20.000 muertos.
Hace ya muchos años que se conoce la capacidad de los animales para detectar temblores de tierra, pero hasta hace muy poco, los científicos no la habían estudiado seriamente. Recientes descubrimientos ponen de manifiesto que algunos animales no solamente son capaces de detectar las ondas sísmicas de origen natural, sino que incluso ellos mismos pueden emitir y percibir vibraciones capaces de transmitirse rápidamente a lo largo de decenas de kilómetros, lo que constituye, sin duda, un medio de comunicación muy eficaz.
Aprovechando las ondas sísmicas
Los primeros animales de los que se supo que podían detectar y utilizar las ondas sísmicas en provecho propio fueron los elefantes marinos. En 1992, se demostró que estas enormes focas, que pueden alcanzar hasta 2.300 kg de peso, se sirven de las ondas sísmicas provocadas por los movimientos de sus cuerpos en las playas para detectar la presencia de otros individuos de su misma especie. Desde entonces, mamíferos de hábitos subterráneos, como los topos dorados y las ratas canguro, algunos anfibios y diversas especies de insectos, escorpiones y otros artrópodos han mostrado ser unos maestros de la comunicación sísmica, siendo capaces de detectar el más mínimo movimiento del suelo bajo sus pies y aprovechando esta información en su propio beneficio.
La extrema sensibilidad de los órganos receptores de vibraciones es, en la mayoría de los casos, sorprendente. Así, el biólogo alemán Hansjochem Autrum estudió los órganos que usan las cucarachas para detectar las vibraciones, situados en la parte superior de sus tibias, justo por debajo de las rodillas, y descubrió que eran capaces de registrar ondas sísmicas con una amplitud tan pequeña como 10-9 cm. Esto es una longitud inconcebiblemente pequeña, equivalente a la décima parte del diámetro de un átomo de hidrógeno. Sin embargo, las cucarachas son capaces de detectar esta mínima perturbación del suelo donde pisan, que casi invariablemente suele estar provocada por la presencia de un depredador, y correr a ocultarse en sitio seguro.
Los experimentos más espectaculares en este campo han sido los realizados recientemente por el equipo de Caitlin O´Connell-Rodwell con los elefantes. Se podría pensar que un animal tan bien conocido por todos nosotros como el elefante, que ya describían los antiguos griegos en sus historias naturales, y que suele aparecer casi todos los días en los documentales de nuestros televisores, no tendría muchos secretos que esconder. Sin embargo, la observación de la naturaleza no cesa de proporcionar sorpresas a quién sabe buscarlas con interés. La criatura más familiar puede resultar ser un completo enigma.
Gritos en el aire y ondas en la tierra
Desde hace un cuarto de siglo, sabemos que los elefantes utilizan para comunicarse a larga distancia gritos infrasónicos, potentes llamadas emitidas en un tono tan grave (alrededor de 20 Hz), que la mayoría de los humanos no podemos escucharlas. Cuánto más grave sea el sonido, más eficazmente se transmite por el aire, perdiendo menos cantidad de energía con la distancia. Sin embargo, estas llamadas aéreas tienen también sus inconvenientes. Su alcance depende de una serie de condiciones ambientales, como el tiempo atmosférico, la distribución de la vegetación, la altura a la que se encuentre el elefante emisor, la hora del día, los gradientes verticales de temperatura, y la dirección y velocidad del viento. La dispersión y la reflexión de las ondas sonoras debida a las paredes rocosas, los grupos de árboles e incluso a otros grandes animales provoca también que la relación señal/ruido disminuya a lo largo del camino entre el emisor y los posibles receptores, haciendo que esta forma de comunicación, en principio eficaz, esté sometida a variaciones ambientales que disminuyen su utilidad.
Pero, entre 1992 y 1997, la bióloga Caitlin O´Connell-Rodwell (actualmente en la Universidad de Stanford), estudiando los elefantes africanos en estado salvaje, en el Parque Nacional de Etosha (Namibia), descubrió un hecho insólito. Todos los elefantes que emiten una llamada acústica infrasónica originan simultáneamente una onda sísmica de la misma frecuencia de alrededor de 20 Hz, que se transmite a lo largo del suelo. La onda sísmica emitida posee las mismas características en modulación y en frecuencia que la onda sonora, es decir, ambas formas de comunicación contienen el mismo mensaje.
Curiosamente, el intervalo de frecuencia elegido por los elefantes para comunicarse es el óptimo posible para un mensaje sísmico. Si la frecuencia fuera menor, el ruido de fondo sísmico existente de forma natural en la tierra interferiría con el mensaje a transmitir, mientras que a frecuencias mayores, las ondas sísmicas perderían demasiada energía a lo largo de su trayectoria, y no llegarían muy lejos. Existe una estrecha ventana, entre 10 y 40 Hz, en la cuál la transmisión de mensajes codificados en forma de ondas sísmicas es óptima, y ésta es la que emplean los elefantes para su comunicación. La eficacia de la transmisión de las ondas sísmicas depende de ciertas condiciones, como la composición y homogeneidad del suelo, la presencia de fluidos en los suelos de carácter poroso, o la presencia de presiones diferenciales de origen tectónico. En condiciones habituales, sin embargo, un mensaje sísmico puede transmitirse de manera eficaz durante más de 50 km, mucho más lejos que un mensaje que viaje por vía aérea que, en el mejor de los casos, puede alcanzar unos 25 km. Los elefantes se aseguran de que sus mensajes lleguen hasta sus destinatarios emitiéndolos simultáneamente en sus dos formatos, sísmico y aéreo.
Detectando las ondas sísmicas
Por supuesto, no es suficiente con que un individuo sea capaz de emitir el mensaje. Al fin y al cabo, cualquiera de nosotros puede originar una onda sísmica, golpeando el suelo de forma periódica. Para que se establezca comunicación, es necesario que los receptores hayan desarrollado mecanismos para detectar las ondas sísmicas y para entender los mensajes que contienen. Si observamos una manada de elefantes al natural, nos daremos cuenta de un hecho curioso. De vez en cuando, y especialmente cuando hay otro grupo de elefantes en las cercanías (aunque éste sea invisible para nosotros), los elefantes más viejos levantan completamente una de sus patas delanteras y apoyan la otra firmemente en el suelo, permaneciendo así inmóviles y en absoluto silencio, durante algunos minutos. Sin duda, están recibiendo mensajes sísmicos a través del miembro que permanece inmóvil en tierra, del mismo modo que nosotros acercaríamos la oreja a una vía de ferrocarril y escucharíamos atentos para detectar si se aproxima un tren, o cuando creemos escuchar un sonido lejano y hacemos pantalla con la mano en uno de nuestros oídos, con el fin de determinar mejor la distancia y la dirección de procedencia del sonido. Los elefantes deben poseer algún tipo de receptor para las ondas sísmicas en las plantas de sus patas delanteras. De hecho, se han descubierto corpúsculos sensibles a la presión en determinadas zonas de la trompa, pero los elefantes no parecen emplear la trompa para captar los mensajes sísmicos. El grupo de O'Connell-Rodwell está investigando en la actualidad para encontrar este tipo de detectores de ondas sísmicas en las patas de los elefantes.
Las ondas sísmicas podrían también ser transmitidas mediante conducción a través de los huesos del esqueleto del elefante, desde la planta de las patas hasta llegar al oído medio. Según la Dra. O'Connell-Rodwell, "el oído medio del elefante es un carácter primitivo, que remitió a un estado ancestral para poder detectar las bajas frecuencias. El elefante tiene un malleus (o martillo) hipertrofiado, lo cuál podría ser un signo de que usa la conducción de ondas a través de los huesos. El topo dorado, que en un reciente estudio ha demostrado estar relacionado filogenéticamente con el elefante, también tiene un malleus hipertrofiado, y utiliza exclusivamente las ondas sísmicas para oir".
Descifrando el idioma sísmico de los elefantes
Pero, ¿qué tipo de mensajes se envían los elefantes? El equipo de O´Connell-Rodwell no sólo ha comenzando a entender estos mensajes, sino que incluso ha utilizado un generador artificial de ondas sísmicas ¡para enviarles mensajes a algunos individuos, que han sido perfectamente recibidos y entendidos! Estamos comenzando a comprender el lenguaje sísmico de los elefantes y, en cierto sentido, empezamos a comunicarnos con ellos en su propio idioma. Los biólogos ya han llevado a cabo algunos progresos para entender el idioma de gritos agudos que usan los delfines. En realidad, los avances en este sentido han resultado ir más lentamente de lo esperado, hasta el punto de que John Lilly, experto en este tema, es de la opinión de que, si bien el hombre no es capaz de entender el complicado lenguaje de los delfines, sí que podría ser posible que los delfines pudieran aprender el lenguaje del hombre. El grupo de O´Connell-Rodwell está haciendo el mismo trabajo con las vibraciones de los elefantes. Por ahora, se sabe que se pueden comunicar saludos, mensajes de alarma, o sugerencias como, por ejemplo, "vámonos". Presumiblemente, se pueden identificar también de este modo individuos concretos, como si cada elefante poseyera su propia firma sísmica personal, que serviría para reconocerse mutuamente a gran distancia. Los elefantes no necesitan tener a sus amigos y parientes a la vista para saber que están bien, ni necesitan de teléfonos móviles para enviarse saludos.
Los biólogos grabaron algunos mensajes acústicos de los elefantes, los convirtieron electrónicamente en señales sísmicas, y se las enviaron a un grupo de elefantes africanos residentes en una instalación turística en Zimbabwe. Los elefantes entendieron perfectamente los mensajes y reaccionaron en consecuencia. Las hembras parecen ser mucho más receptivas que los machos, y las hembras mayores reaccionan a las señales más intensamente que las hembras jóvenes. Desde hace mucho tiempo se sabe que las hembras de edad avanzada son las encargadas de dirigir la manada, utilizando para ello su inmensa memoria (la proverbial memoria de elefante es uno de los pocos mitos populares sobre animales que ha encontrado confirmación científica). Las hembras van almacenando a lo largo de su vida información sobre las características geográficas de su región, la localización de las fuentes de agua, las zonas donde suele haber más alimento, o dónde suele llover más abundantemente en cada época del año. Es lógico que sean también las principales encargadas de recibir los mensajes enviados por otros elefantes y actuar en consecuencia.
Otros usos de las ondas
Los elefantes no sólo detectan los mensajes sísmicos procedentes de otros elefantes. Se ha comprobado que, cuando estalla una tormenta en Angola, los elefantes del Parque Etosha, a 200 km de distancia, en Namibia, comienzan a desplazarse inmediatamente hacia el norte en busca de agua. Seguramente, han detectado las vibraciones en el suelo producidas por la caída de los rayos, y han aprendido que ese tipo de mensajes sísmicos significa abundancia de agua. Los elefantes poseen una capacidad para interpretar su medio ambiente mucho mayor de lo que pensábamos.
Se especula con la posibilidad de que la comunicación sísmica pueda tener importancia para el comportamiento reproductivo de los elefantes. Los machos adultos suelen llevar una vida solitaria, mientras que las hembras y los jóvenes se agrupan en manadas. Es importante para los machos detectar la presencia de hembras en los alrededores dispuestas a reproducirse. Es posible que existan llamadas sísmicas emitidas por estas hembras que puedan ser detectadas por los machos, aunque esta teoría aún no se ha confirmado experimentalmente. Sin embargo, según la Dra. O'Connel-Rodwell, "la incapacidad de los machos para detectar sísmicamente las llamadas de las hembras, probablemente no impediría el apareamiento, ya que, presumiblemente, la detección de las llamadas aéreas es muy efectiva".
El equipo de O´Connell-Rodwell también ha demostrado recientemente la posibilidad de comunicación sísmica en el caso de los elefantes asiáticos. En la actualidad, se están llevando a cabo experimentos con otros grandes animales, como los rinocerontes africanos y los bisontes. Sería sorprendente que un medio de comunicación tan efectivo no fuera empleado de forma habitual por estos grandes animales. También existen sospechas de que los mensajes sísmicos podrían ser interceptados y entendidos por los grandes depredadores, como los leones. Hay muchos interrogantes aún abiertos, y queda mucho trabajo por hacer en este apasionante tema, que demuestra que, a pesar de los miles de estudios realizados, estamos aún muy lejos de conocer todos los secretos que ocultan los grandes mamíferos. Quizás el intentar aprender a comunicarnos con ellos en su propio lenguaje sea uno de los medios más efectivos para lograrlo.
Autor: Owen Wangensteen | 2001
