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CIENCIA, GENTES E HISTORIAS
¿Se cumplieron los pronósticos científicos del siglo XX?
En la revista Alrededor del Mundo de 1900 y 1901 se preveía, a partir de los últimos conocimientos, la consecución de una serie de logros científicos. Evaluar, con algunos ejemplos seleccionados, hasta qué punto se alcanzaron dichos logros a lo largo del siglo es uno de los objetivos de este artículo.
Las revistas especializadas e incluso los medios de comunicación, con relativa frecuencia, llaman nuestra atención pronosticando logros científicos que se prevén alcanzar en un tiempo más o menos breve. Así, hemos podido leer últimamente manifestaciones sobre la obtención, en pocos años, de una vacuna eficaz contra el virus del Sida; sobre el aislamiento de un gen en algunos animales -ya conseguido en Drosophila- que segrega una hormona responsable del envejecimiento; o sobre la oportunidad, o no, de clonar seres humanos una vez que las técnicas de clonación animal hayan madurado lo suficiente.
Al dar comienzo esta sección en Ciencia digit@l, en la que mensualmente iremos comentando acontecimientos, efemérides y protagonistas de la historia de las ciencias y las técnicas, nos ha parecido que podría ser de algún interés releer los pronósticos científicos y técnicos que se pensaban conseguir a comienzos del siglo XX y, a partir de ahí, evaluar hasta qué punto se cumplieron los mismos.
Una mirada al pasado
La publicación que hemos consultado ha sido el semanario Alrededor del Mundo, y más concretamente los números correspondientes al último semestre del año 1900 y primer semestre del 1901. Hemos seleccionado tres temas: la implantación del correo eléctrico para acelerar las comunicaciones postales, la construcción de trenes que alcanzarían los 370 Kilómetros/hora y la predicción de la duración de la vida mediante el examen por rayos X.
Bajo el titular "El correo eléctrico. Un invento español notable" (nº 64, 23 agosto de 1900), y en algo más de dos páginas profusamente ilustradas, se describe el sistema de comunicaciones postales inventadas por el ingeniero español Gabarró Julien. Básicamente consiste en un aparato cuya extraña forma -apunta el artículo- se explica por la necesidad de adoptar líneas que se opongan a la menor resistencia del viento y que pueda viajar a razón de 320 kilómetros/hora. El "correo eléctrico" con capacidad para unas mil cartas lleva encima un juego de ruedas que le permiten desplazarse por dos gruesos alambres que le sirven de carriles, y por uno de los cuales va la corriente eléctrica. Se señala que esta clase de líneas postales ya probadas en La Prosperidad (Madrid) podrían tenderse a muy poca costa, aprovechando los postes del telégrafo del ferrocarril.
Chocante nos resultan los titulares del segundo trabajo seleccionado: "De Madrid a San Sebastián en hora y media - Un tren maravilloso y en práctica" (nº 67, 13 septiembre de 1900). Aquí se describe un tren compuesto de un sólo coche en punta, como los torpedos, de 18.30 metros de largo, que sirviéndose de la electricidad como fuerza motriz, y marchando sobre un solo riel, podría alcanzar una velocidad de 370 kilómetros/hora. Se señala en el artículo que no se trataba de un invento estrambótico y prodigioso, sino sencillamente era posible debido a la adaptación de una porción de principios conocidos y practicados en distintos mecanismos. El redactor -que no firma el artículo- señala que en poco meses estará operativo en Estados Unidos, pero duda que pudiera implantarse en España antes de medio siglo, señalando que transcurrido ese tiempo, y tras su puesta en servicio, podría irse de Madrid a San Sebastián, o a la frontera en hora y media, a Zaragoza en menos de una hora y a Barcelona en bastante menos de dos.
"La duración de la vida pronosticada por los rayos X" (nº 83, 3 enero de 1901) es el titular del tercer trabajo seleccionado, que corresponde a una nota de menor extensión, pues no llega a la media página. En la misma se apunta cómo a partir de algunas experiencias con rayos X que, basándose en la relación íntima que rara vez varía entre el tamaño, la fuerza y el estado de salud de órganos como el corazón, los pulmones, el cerebro y el aparato digestivo, permitirían -en pocos años- determinar la duración casi exacta de la vida de un individuo, exceptuando los accidentes.
Una reflexión desde el presente
Una vez que el siglo XX ha transcurrido completamente podemos constatar como los sistemas de correo eléctrico, que se emplearon con mayor o menor éxito desde los comienzos del siglo, resultan hoy lentísimos frente al correo electrónico. Por otro lado, el tren monorraíl, que se implantó en algunos sitios (Tokio, Osaka, Colonia,...), no llegó a España, en donde todavía se invierten 6 horas y media en ir de Madrid a Barcelona en tren, y en donde no se espera que el tiempo se reduzca a menos de 2 horas y 25 minutos con la próxima implantación del AVE. Por su parte, los rayos X, que tan ampliamente se emplean como medio de diagnóstico en diversas afecciones externas e internas, no han servido para pronosticar la duración de la vida. Así pues, el progreso científico casi siempre va más allá de lo que en un momento dado puede imaginarse, pero en ocasiones lo que pensaba lograrse no se consiguió, bien porque interesaron nuevos objetivos científicos, bien porque lo pronosticado necesitaba algo más que un desarrollo científico adecuado. Y esto, que nos enseña la historia, debe seguir ocurriendo así.
Autor: Alberto Gomis Blanco | 2001