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PALEONTOLOGÍA

Mirando a África

¿Procede el hombre moderno de una única "Eva" africana o somos, por el contrario, producto de la evolución simultánea de varios ancestros en distintos continentes? El popular refrán "Madre no hay más que una" queda en entredicho cuando nos remontamos al momento preciso de nuestros orígenes. Resolver el misterio es el objetivo de paleoantropólogos y genetistas de todo el mundo, que buscan a través de genes y fósiles las pistas que les guíen a los primeros Homo sapiens.


Una historia con dos comienzos

Como en aquellos cuentos infantiles en los que el lector debía inventarse un final con sentido, la historia del ser humano es un "cuento" al revés del que conocemos casi todo menos el principio. Desde mediados de los ochenta, los científicos - narradores de nuestra historia biológica - se debaten entre dos comienzos diferentes. Pero aquí no sirve la imaginación: el hallazgo de datos que prueben una u otra propuesta deberá demostrar cuál es el verdadero origen del hombre moderno. Por el momento, los estudios realizados parecen apoyar ambas hipótesis, y seguimos sin poder responder con firmeza a esa ya repetida pregunta del '¿De dónde venimos?'

Entonces, ¿dónde y cuándo surgió el hombre moderno? La primera teoría, defensora del origen africano del Homo Sapiens, narra así la historia: Hace unos dos millones de años el Homo erectus - según los últimos hallazgos es posible que fuera el Homo ergaster, un ancestro anterior en la línea de la evolución humana - salió de África para expandirse por el resto del mundo, comenzando por Eurasia. Más de un millón y medio de años después, hace unos 120.000 años, una nueva masa de emigrantes más evolucionados dejaba atrás la cuna africana para emprender la nueva 'conquista' , reemplazando a su paso y sin intercambio genético al resto de los homínidos que poblaban el planeta. Todos los seres humanos que existen hoy proceden de ese Homo Sapiens africano, nuestro pariente común. Por el contrario, para los defensores del modelo de multirregionalismo o de la continuidad, el hombre primitivo - aquel Homo erectus - debió emerger de África hace alrededor de dos millones de años, se expandió y se desarrolló de forma independiente a lo largo y ancho del planeta. Varias de esas poblaciones de hombres primitivos evolucionaron simultáneamente mucho más tarde hacia el Homo Sapiens en distintas regiones de África, Asia y Europa, e intercambiaron sus genes y su cultura para dar lugar al hombre moderno. En palabras de Alan Thorne, "cuando el Homo erectus inició su salida de África hace alrededor de dos millones de años salía del continente el ancestro de todos los seres humanos actuales, pero el hombre moderno ya no volvió a nacer de un único sitio después". Entre ambos modelos existen posturas intermedias que aceptan, en mayor o menor grado, la hibridación y el intercambio genético, aunque admitiendo un ancestro común africano del hombre moderno.


La respuesta... ¿en los genes?

Como ha sucedido en muchos otras áreas de la ciencia durante las últimas décadas, los datos genéticos derivados del estudio del ADN han sido de gran ayuda a paleontólogos y antropólogos en su afanada búsqueda de los orígenes del ser humano. La primera base molecular para la Teoría del origen africano o "Fuera de África" data de los años ochenta, cuando un grupo de investigadores llegaba a la conclusión de que todos los seres humanos actuales parecían compartir parte de su herencia genética con la 'Eva africana', un apodo con el que se denominó a nuestro hipotético ancestro común femenino, que debió vivir en África hace alrededor de 150.000 años. El ADN mitocondrial daba la clave para este parentesco. Este material, que no se halla en el núcleo de la célula sino en su citoplasma, es transmitido exclusivamente por las mujeres. En cada individuo el ADN mitocondrial debe ser, por tanto, idéntico al de su madre salvo que se produzcan mutaciones, lo cual ofrece una línea de herencia mucho más simple que el ADN nuclear - cuya estructura depende de las aportaciones del padre y la madre -. Según revelan los estudios genéticos, la población mundial actual comparte ese ADN mitocondrial en más de un 99% de su contenido. Además, África ha demostrado tener el mayor número de variaciones, lo que parece confirmar un claro escenario de un origen africano del hombre, que debió diversificarse en aquel continente antes de marchar en busca de nuevas tierras.

Datos muy similares se descubren a partir del estudio de determinados genes y cromosomas del núcleo celular. Es el caso del cromosoma Y, que determina el sexo masculino de los individuos y es heredado, por tanto, por vía paterna. Un reciente estudio de las mutaciones en este cromosoma, basado en el análisis del ADN de más de 1000 hombres en 22 áreas geográficas del mundo, permitía construir un árbol genealógico de la evolución del hombre moderno, permitiendo seguir su pista y confirmar, según manifestaban sus autores, un origen común. Por ejemplo, tres mutaciones del cromosoma Y ocurrieron en los inicios de la expansión de los primeros Homo Sapiens desde la cuna africana. "La mayoría de los hombres, incluido yo mismo, tenemos esas tres mutaciones - explicaba Peter Underhill, autor del artículo publicado en Nature Genetics en noviembre del pasado año -. Las únicas excepciones: los hombres africanos". La línea trazada por Underhill a partir del cromosoma Y arranca en un "Adán" africano, que según se ha calculado debió vivir hace 60.000 años, más de 80.000 años después que nuestra "Eva". Esto significaría, según interpretan los autores, que el material genético que es común en el cromosoma Y del hombre moderno procede de un ancestro más próximo que el primer Homo Sapiens, y que por alguna ventaja evolutiva se impuso en su descendencia hasta nuestros días. Como explicaba el estudio, nuestra huella genética evolucionó como un mosaico en el que "las piezas modernas de ADN podrían haber aparecido en distintos momentos y haberse extendido dentro de la población humana, cada una a su propio paso".

Pero, aunque todo esto es compatible con la teoría africana de nuestros orígenes, no permite excluir el modelo del multirregionalismo. Además, en apoyo a este último, se han encontrado otros datos que confirman firmemente un intercambio genético. Por ejemplo, en 1999 se publicaba en la revista americana Proceedings of the National Academy of Sciences un estudio del esqueleto de un niño de 4 años que vivió hace 24.000 años, encontrado en el oeste de Portugal. Los autores del artículo llegaban a la conclusión de que se trataba del resultado de un cruce entre el hombre de Neandertal y el hombre moderno, quienes convivieron en la Península. A esto se sumaba el pasado año la publicación de nuevos estudios sobre las variaciones genéticas en la población actual, que revelaban que tanto africanos como asiáticos pudieron contribuir a la composición genética del hombre moderno.

Los hallazgos más recientes, que han reavivado de nuevo la polémica, proceden de Australia. En 1974 eran desenterrados del fondo de un lago australiano (el Lago Mungo) los restos de un hombre de más de 60.000 años de antigüedad. De este individuo, conocido como LM3 o más popularmente como 'Hombre de Mungo', lograban recuperar un fragmento de material genético. El hallazgo clave del estudio, publicado el pasado 16 de enero en la revista Proceedings, es una secuencia de ADN mitocondrial que difiere completamente de las halladas en otros fósiles analizados, así como del material genético mitocondrial del hombre moderno. Eso sí: la secuencia se conserva en nuestro genoma como un vestigio dentro del cromosoma 11 del núcleo celular. Los científicos han sospechado durante mucho tiempo que esta secuencia podría ser una copia del ADN mitocondrial de nuestros ancestros que encontró una 'vía de entrada' al núcleo de la célula en un momento de la evolución, algo que parece corroborar esta última investigación. "Nuestras evidencias - asegura Alan Thorne, coautor del artículo - muestran que la situación es más complicada de lo que cualquiera de los defensores de la hipótesis africana habría imaginado". La interpretación de estos últimos es, sin embargo, totalmente diferente, pues para ellos los resultados sólo indican que "los humanos primitivos presentaban una mayor variación en su material genético".


El intenso debate entre los defensores de las dos principales teorías sobre el origen del hombre se ha personalizado en dos destacados científicos: Milford Wolpoff, investigador de la Universidad de Michigan y principal proponente del modelo multirregionalista, y Christopher Stringer, ferviente defensor de la teoría de "Fuera de África". Ambos han protagonizado fogosas discusiones acerca del tema, si bien también admiten que se necesitan "más hallazgos, más análisis, más datos genéticos para obtener una imagen más completa" del escenario de nuestros orígenes. De cualquier modo parece ser que, como afirma el sociobiólogo Richard Dawkins, "somos los descendientes de una pequeña elite de antepasados exitosos (...) Nuestro ADN es una descripción codificada de los mundos en los que sobrevivieron nuestros ancestros. Somos archivos andantes del Plioceno africano, incluso de los mares devónicos, depositarios andantes de la sabiduría de los días pasados".

Autor: Elena Sanz | 2001


























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